Ay, chicas, no os lo vais a creer. Ayer, después de misa, acabé en casa de Michelle, esa viuda tan pía de la coral. Yo con mis medias taupe y liguero escondidos bajo la falda, sintiendo cómo la braguita se me pegaba al coño por lo mojada que estaba. Pensaba en el jefe follándome, en Eleonora besándome… y de repente, esta tía me invita a tomar té. ¿Por qué acepté? Ni idea, pero fui.
Llego a su casa, ella toda pintada, falda corta que le marca el culo, tacones altos. Nada de la beata tiesa de siempre. Nos sentamos con el té, charlando del tiempo, y de pronto, empieza a desabrocharse la blusa. Un botón, otro… ¡hasta que se abre y deja ver sus tetas pequeñas con pezones duros! El corazón me late fuerte, el aire huele a su perfume mezclado con algo… ¿sudor?
La chispa enciende la tensión
—Nicole, he visto tus ligueros en la iglesia. Esa arruga en las medias… Eres como yo, puta por dentro —me dice, bajando la cremallera de la falda. Se queda en medias y liguero, sin bragas, y se abre de piernas. Su coño depilado, labios gruesos hinchados, clítoris asomando. El olor a sexo me golpea, fuerte, como a sudor caliente y humedad. Me cruzo de piernas, mi chochito palpita, la braguita se empapa más.
Me cuenta sus vicios: su marido la llevaba a clareras, la exhibía desnuda solo en medias, con tíos mirando, sacando pollas duras. Ella se metía un dedo en el coño, les hacía correrse en la ventanilla. Uf, yo jadeo, imaginándolo. —Eres una cerda, Michelle —le digo, voz ronca. Me subo la falda, abro las piernas. Mi coño peludo brilla de jugos.
La tensión es insoportable. Su dedo resbala por sus labios, el chasquido húmedo, el olor cada vez más intenso. Yo me toco despacio, rozando el clítoris. Razón, ¿dónde estás? Se me va al carajo.
Explosión de placer sin frenos
—Ven, lame mi coño, guarra —ordeno, gruesa de poder. Ella gatea, cara entre mis muslos. —Hueles fuerte, asquerosa… —murmura, pero mete la lengua. Clac, clac, sorbe mis labios, chupa la crema blanca que sale de mí. Calor en la piel, su aliento corto contra mi chochito ardiendo. Yo agarro su cabeza, empujo. —¡Más adentro, puta!
Me imagino al jefe y Eleonora ahí, él con su polla tiesa, ella lamiéndome las tetas. Michelle alterna: lengua plana lamiendo, luego aspira el clítoris suave. Mi vientre se contrae, sube la ola. Sudor nos pega, olor a coño en llamas llena el salón. ¡Exploto! Un chorro de jugo le salpica la cara, ella lo lame todo, barbouillée en mi corrida espesa, gimiendo como loca.
Caemos jadeando. Ella se acurruca, manos pegajosas en mis medias —¡No las toques, joder!—. Yo, exhausta, feliz, piernas temblando. Su cara reluciente de mi leche, ojos vidriosos. —Dios, qué rico… —susurro. Recuerdo su lengua hurgando, el clítoris vibrando, mi squirt caliente. Mañana en la oficina, con el jefe… pero esto, uf, esto me ha cambiado. Soy una puta total, y me encanta.