Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Soy Clara, esa española fogosa que siempre ha reprimido sus ganas más sucias. Pero después de pillar a mi marido Jean-Marc enculando a su colega Nadine en el despacho… uf, la furia me consumía. Laurent, el cornudo marido de ella, me convenció de vengarme follando con él. Y hoy, miércoles, con mi hijo en siesta y mi madre creyendo que voy de compras… aquí estoy, tocando su puerta con el corazón latiendo como un tambor.
Nadine abre. La miro con desprecio, esa puta que se meneaba gritando ‘¡fóllame el culo más fuerte!’ ante mi hombre. Pero ella sonríe, me invita. Subo las escaleras, mis bragas ya húmedas bajo la gabardina. Laurent me espera desnudo en la cama, su polla semi-dura palpitando. ‘Estás preciosa, Clara’, murmura, oliendo a jabón y deseo. Me besa el cuello, sus manos desabrochan mi blusa. Siento su aliento caliente en mi piel, el calor subiendo por mi vientre. ‘¿Lista para vengarte de verdad?’, susurra. Asiento, temblando. Me quita la falda, ve mis tangas mínimas, regalo de Jean-Marc. Río nerviosa: ‘Para joderlo más’. Su lengua lame mis pezones, duros como piedras. La tensión crece, mi coño chorrea. No aguanto más, le empujo al colchón.
La chispa de la venganza que me abrasó
Me subo encima, agarro su verga gruesa, la astigo furiosa. ‘Mira cómo te chupo, cabrón’, gruño, tragándomela hasta la garganta. Sabe salado, sus bolas peludas en mi boca. Gime: ‘¡Joder, Clara, qué boca!’. Lo monto salvaje, mi coño engulle su polla hasta el fondo. Sus manos aprietan mis tetas, pellizcan pezones. De repente, Nadine en la puerta, vestida. ‘Quítatelo todo’, ordena él. Ella obedece, desnuda, se acerca al borde de la cama. Nuestras miradas chocan, la suya desafiante. Yo sigo cabalgando, chapoteo de jugos, pero su presencia me enciende más. Laurent grita: ‘¡Mira cómo me folla tu mujer, Nadine!’. Eyacula dentro, sin goma, caliente como lava. Me derrumbo, limpiando su pija con mi lengua, saboreando nuestra mezcla.
El clímax brutal y el éxtasis prohibido
Pero no para. ‘Ahora el culo, como tú con mi marido’, dice. Nadine obedece: lame mi ano, lengua punzante abriéndome. ‘¡Relájate, guapa!’, murmura ella, metiendo un dedo lubricado. Tiemblo, el placer prohibido me invade. Me pongo a cuatro patas, ofrezco mi culo rosado. Laurent empuja, su glande grueso fuerza mi anillo. ‘¡Aaaah, despacio!’, jadeo, pero él entra entero, bolas contra mi coño. ¡Dios, qué fullness! Me taladra brutal, palmadas en nalgas, ‘¡Toma polla en el culo, vengativa!’. Nadine se mete debajo, chupa mi clítoris hinchado, dedos en mi chocho. Doble penetración: polla en ano, dedos en vagina. Grito: ‘¡Me vengo, joder, me vengo!’. Explosión, mi cuerpo convulsiona, ano apretando su verga. Él ruge, inunda mi recto de leche caliente.
Caemos exhaustos, sudorosos, olores a sexo impregnan la habitación. Mi culo palpita, lleno de su corrida goteando. Nadine lame los restos de mi coño, tierna ahora. ‘Ha sido… increíble’, balbuceo, piernas temblando. Laurent me besa: ‘Eres una puta perfecta’. Risa cansada, felicidad perezosa. Recuerdo cada embestida, el roce áspero de su pubis en mis nalgas, el sabor de su semen. Mi venganza sabe a gloria prohibida. ¿Volveré? Ay, sí… el fuego no se apaga.