Ay, Dios… hay algo que me pone la piel de gallina, el coño empapado solo de pensarlo. Mi marido lo sabe todo, Lucien, mi amor. Verlo follar con otro tío… uf, no sé por qué, pero me enciende como una puta hoguera. Era viernes, verano asfixiante fuera, pero dentro fresco, con persianas bajadas. Yo desde la tarde en esta camisita ligera que me regaló él, transparente, nada más. ‘Ponte sexy, epílame bien, maquíllate un poco y prepara cena para tres’, me dijo al irse. Sabía que traía a Paul, nuestro juguetón habitual. Planeaban una noche de trío salvaje.
A las 17:30 llegan. Beso suave a Lucien, él guiña a Paul por encima de mi hombro. Yo le doy un piquito a Paul en la comisura, mmm, su barba roza mi piel, ya siento el cosquilleo. Pasamos al salón, dips y sangría fría. ‘Quitaros algo, hace calorcito’, digo yo, picara. Se quedan en slips, tirados en el sofá, pollas marcadas. Brindamos: ‘¡Por nuestro trío perfecto!’. Apuramos el apero, la cena lista, pero yo huelo a sexo en el aire ya. Voy a la cocina, oigo gemidos del salón. Sonrío. ‘¡Eh, pillos, esperadme! ¡A cenar ahora!’.
La chispa inicial y la tensión que me quemaba
Vuelven con bultos enormes en los slips. Sentados a la mesa, pies se enredan, suben a rozar pollas duras. Yo mojo el tanga, pezones tiesos contra la tela. Cena rápida, y zas: se levantan, me atan pies y manos a la silla. ¡Su plan secreto! Me excita tanto… Sangre bombeando en sienes, ojos brillantes, coño palpitando. Agarran la silla, me llevan al dormitorio, frente a la cama.
Lucien y Paul se desnudan mutuo, caricias lentas en pollas tiesas, venosas. Paul se arrodilla, mama la polla de mi marido mirándome: ‘Espera tu turno, amor’. Yo asiento, jadeando. Luego Paul a cuatro patas, culo ofrecido, perfecto, rosado. Lucien pasa rozándome tetas, besa mi coño chorreante. Tiemblo, me retuerzo. ‘Joder…’. Él mete dos dedos en ese culo dilatado, luego tres, cuatro… ¡la mano entera! Paul grita, mezcla de dolor y placer, sudor perlando su espalda, olor a macho caliente invadiendo la habitación.
El clímax brutal y el éxtasis sin frenos
Lucien sale, se tumba. Paul le chupa de nuevo. ‘¿Habéis corrido?’, pregunto ronca. ‘No, nos guardamos para ti’. Me desatan, me tiran al colchón. Polla en boca, ahogada en saliva, labios de Paul devorando mi coño, lamiendo jugos calientes, salados. Manos amasando tetas, nalgas. Grito, me corro ya, cuerpo arqueado.
Paul boca arriba, me empalo en su polla gruesa, hasta el fondo, estirándome. Me inclino, culo arriba para Lucien. Entra brutal, pollas rozándose dentro, separando paredes. ‘¡Folladme, joder!’. Bombeo salvaje, sudor goteando, respiraciones cortas, ‘¡Sí, así!’. No aguanto: squirteo fuerte, pis y corrida mezclados, empapando a Paul. Él gruñe, Lucien sale y me chorrea lefa caliente en nalgas, masajeándola, resbaladiza.
Caemos exhaustos, besos largos con Paul, lengua enredada, sabor a sexo. Lucien nos abraza. Cuerpos pegajosos, felices. Uf, esa noche… la huelo aún en la piel, el recuerdo me hace mojar otra vez.