Confesión ardiente de una viuda: follada salvaje por dos sepultureros en el coche de mi marido

El fresco de la casa me golpea al abrir la puerta. Había cerrado todo por la mañana, con este calor infernal de una semana. Me vestí de negro, como manda la tradición en este pueblo perdido. Traje sastre negro, blusa blanca… y debajo, la venganza. Lencería de la puta de mi marido: sujetador push-up negro que me hace tetas de infarto y un tanga que me parte el coño y se me mete en el culo. Pequeño para mí, pero joder, qué calor pasé en el entierro con la blusa transparente dejando ver todo.

Sufrí por venganza. Ese cabrón murió follando en su coche, infarto fulminante, desnudo con condones usados y la ropa interior de ella tirada. Se la llevaron los gendarmes sin limpiar. Cogí su tanga y sujetador. Hoy los llevo puestos para que me vea desde arriba, el muy hijo de puta.

La chispa que enciende el fuego prohibido

Me dejo caer en el sillón, quito la chaqueta. Cojo su whisky. ‘Por tu salud, Pablo’. Dos tragos fuertes. Lágrimas vienen, nostalgia, pero rabia más. Me duermo soñando con sus putas, pollas en mi boca, coños ajenos. Despierto con la mano en la falda, bajo el tanga, rozando mi raja húmeda, clítoris hinchado. ‘Hum hum’. Salto. Un tío enorme delante, con la urna en la mano.

‘Perdón’. Me levanto, arreglo la falda. ‘¿Qué coño haces entrando así?’. ‘Llamé, vi el coche. Traigo las cenizas’. Es el jefe de los sepultureros, alto, serio. Lo pongo en la mesa. ‘Siéntate, toma un trago’. Whisky fluye, charlamos. Sé que me vio tocándome. Hablo de la amante, él sabe quién era, la enfermera. Río, abro piernas un poco, sus ojos van directo a mi coño.

‘¿Casado?’, pregunto. ‘No ahora… hace tiempo que no chupo’. Me mira las tetas, mis muslos. Calor sube. ‘Me pillaste masturbándome, ¿eh?’. ‘Sí, erótico’. Tensión insoportable. ‘Si quieres, sigue… te miro’. Joder, lo hago. Mano en el tanga, coño chorreando. Él se acerca, abre mi blusa, lame mis tetas. Boca en mi entrepierna. Lengua en el clítoris, dedo en la rajita, olfateando mi olor a sexo. Paul olvidado.

La follada brutal y el clímax doble

‘Fóllame’, digo. Condón puesto, polla dura rozando mi tripa. La guío, entra de un empujón. Gimo, su boca tapa mis gritos. Empuja lento, luego fuerte. ‘¡Dale duro, métemela!’. Me da como un animal, mesa cruje, urna raspa mi espalda. Jugo dos veces, él se corre en mi barriga, leche espesa caliente.

Klaxon. ‘Mi compañero, John, el negro de la ceremonia’. Idea loca. ‘Llámalo’. Entra, nos ve desnudos, sonríe. Lo desnudo yo, torazo musculoso. Chupo sus pezones duros, bajo el pantalón. Polla enorme, negra, venosa, glande rosado. Sabor fuerte, sudor del día. La mamo profunda, garganta llena, orgullosa de ponerlo tieso.

‘Al garaje’. En el coche de Pablo, asientos quitados para sus folladas. John se tumba atrás, lo monto. Condón, bajo despacio. Coño estirado al límite, placer puro. Cabalgo, tetas botando. ‘¡Cógeme por detrás!’. El otro lubrica mi culo con saliva, dos dedos. Entra lento, pollas chocan dentro. Doble follada, coño y culo repletos. Grito, sudo, huelo a sexo puro. Tetas contra pecho de John, chupando pezones. Jugos corren, orgasmos en cadena.

Ellos explotan: John en condón, el otro en mi espalda. Nos quedamos jadeando, sudor pegajoso, cuerpos exhaustos. Silencio feliz. Pablo, si nos ves, estamos en paz. Tu muerte me abrió al placer. Ahora soy libre, cachonda, lista para más pollas, coños, lo que sea. Esta viuda va a vivir sin frenos.

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