Confesión ardiente: La polla monstruosa de un refugiado libio me folló sin remedio

Ay, Dios… Mi marido y yo acabamos de cumplir cuarenta. Vivimos en una villa grande con vistas al mar, por los alrededores de Perpiñán. Yo soy Carmen, trabajo en recursos humanos en una farmacéutica. Él, Pablo, hace entrevistas para un supermercado. No tenemos hijos, nos apasiona nuestro curro. Físicamente somos opuestos: yo bajita, piel morena, … Read more