Confesión ardiente: Mi encuentro prohibido con Stéphane y las fotos que nos volvieron locos

¡Dios, qué nervios tenía cuando sonó el timbre! Abrí la puerta y ahí estaba Stéphane, sonriendo con esa mirada pícara que tanto me gustaba en sus mails. ‘¡Hola, Marion! ¿O ahora eres María?’, bromeó. Le abracé fuerte, sintiendo su calor contra mi piel. ‘Pasa, ven al jardín, aquí hace un calor de cojones y nadie nos ve’. Nos sentamos con un vino fresco y saucisson, recordando cuatro años de charlas sucias online. ‘Me has contado cosas que ni a mi mejor amiga’, le dije, riendo nerviosa.

De repente, sacó su portátil. ‘Mira las fotos que hice de Sandy, una modelo desnuda en la garriga’. Empecé a flipar: curvas perfectas, pechos pequeños y firmes, coño depilado reluciente bajo el sol. Mi clítoris se despertó al instante. ‘Joder, qué puta maravilla’, murmuré, cruzando las piernas para disimular la humedad. Él notó mi excitación. ‘Ya sabes que me pones cachondo, María. Quiero follarte’. Yo, lesbiana declarada, pero… ‘Soy maricona, pero esta tía me moja el coño’. La tensión crecía, el aire espeso con olor a deseo.

La chispa que enciende el fuego

‘No me toques, pero… mírame’. Me quité la ropa, quedando en pelotas en la silla. Él hizo lo mismo, su polla dura como piedra, venosa, goteando precum. Puse el diaporama: Sandy abriéndose las piernas, dedos en su raja húmeda. Empecé a tocarme, dedos resbalando en mi coño empapado. ‘Mira sus tetas, sus culitos… Ooooh’. Él se pajeaba furioso, jadeando. ‘Tu coño depilado es una delicia, María’. Nuestros alientos cortos, piel sudada, olor a sexo invadiendo el jardín. Yo gemía pensando en lamer a Sandy, él en metérmela. ‘Me vengo… ¡Aaaah!’. Chorros de lefa salpicaron su vientre, yo exploté arqueándome, cyprine chorreando por mis muslos. Razón perdida, solo instinto animal.

La entrega total y el clímax explosivo

Aquella noche no dormí. Su masturbación me había revuelto. A las once, toqué su puerta. Entré desnuda, me metí en su cama. ‘Fóllame, joder’. Sus manos ásperas en mis tetas, pellizcando pezones duros. Le chupé la polla, salada y palpitante, bolas pesadas en mi boca. ‘Qué boca de puta’, gruñó. Me puso a cuatro, lengua en mi culo, lamiendo hasta el clítoris. ‘Tu coño sabe a gloria’. Me penetró de golpe, su verga gruesa abriéndome, chocando contra mi cervix. ‘¡Más fuerte, cabrón!’. Follando como posesos, sudor mezclado, culos chocando con palmadas. Cambiamos: yo encima, cabalgando su polla, tetas rebotando. Él me comía el coño mientras me follaba el dedo en el ano. Gritos ahogados, orgasmos múltiples: yo squirtando en su cara, él llenándome de semen caliente, desbordando mi coño.

Al amanecer, exhaustos, piel pegajosa de fluidos secos. ‘¿Fue bueno?’, preguntó tímido. Sonreí, acurrucada. ‘Diferente al de las tías, pero… brutal. Olvidé que era lesbiana por una noche’. Reímos, oliendo a sexo rancio. ‘Quédate más días, hay mucho por follar… y visitar’. Cansancio feliz, recuerdos ardiendo: su polla en mi garganta, mi coño apretándolo. Una confesión que aún me moja al recordarla.

Leave a Comment