¡Ay, Dios mío, aún me tiemblan las piernas al recordarlo! Me llamo Carolina, tengo 31 años y vivo con mi chico Luis desde hace tres. Nuestro rollo es sólido, pero últimamente un calor me come por dentro. Hablamos mucho de sexo, de fantasías… y la que nos pone a los dos como locos es un trío con otro tío. No amor, solo puro deseo, tetas sudadas, pollas duras y coños chorreando.
Fran, un colega viejo de Luis, reapareció hace meses. Alto, guapo, con esa sonrisa pícara. La primera cena en casa, charlamos hasta las tantas de pollas y orgasmos. Él divorciado, hambriento de chocho. Yo sentía su mirada en mis curvas, y mi coño se humedecía solo de pensarlo. Luis me guiñó un ojo: ‘Sedúcelo, amor’. Empecé a jugar. Faldas cortas que dejaban ver mis tangas, escotes que enseñaban pezones duros. Él devoraba mis tetas con los ojos, rozaba mi culo ‘sin querer’. La tensión crecía, insoportable. En sus visitas semanales, nos reíamos, nos tocábamos como críos, pero el aire olía a sexo. ‘Fran, ¿por qué no me miras así siempre?’, le soltaba yo, ruborizada. Él: ‘Porque si te miro más, no respondo, preciosa’. Luis se partía, lanzando pullas: ‘Venga, Fran, no dejes a mi chica así de caliente’. Mi coño palpitaba, empapado. Imaginaba su polla grande, 18 cm según chismes, partiéndome en dos.
La chispa que encendió el fuego
La noche clave fue en su casa, cena con amigos. Me puse un top escotado, falda que apenas tapaba mis medias negras. Pelo suelto, labios rojos. En el clic-clac, solos un rato, él se acerca. ‘Estás increíble esta noche, Carolina. Me vuelves loco’. Su mano en mi rodilla, sube lenta por mi muslo. Calor de su piel, aliento caliente en mi cuello. ‘Fran… los demás…’. Pero abro las piernas, traicionera. Sus dedos bajo la falda, rozan mi tanga mojada. ‘Estás chorreando, puta’. Gimo bajito, corazón a mil. Razón saltó por la ventana. Lo beso, salvaje, lenguas enredadas. ‘Fóllame ya’, susurro.
El clímax brutal y el dulce agotamiento
Me tumba en el sofá, arranca mi tanga. Olido su olor a hombre, sudor y deseo. Me abre las piernas, lengua en mi coño. ‘¡Joder, qué rico sabe!’, lame mi clítoris, dedos dentro, chapoteo húmedo. Me corro gritando, jugos en su boca. ‘Ahora mi polla, zorra’. La saca: enorme, venosa, cabezona. La chupo ansiosa, saliva goteando, bolas en mi mano. ‘Mmm, qué buena mamada’. Me pone a cuatro, escupe en mi coño y empuja. ‘¡Aaaah! Me partes, cabrón’. Folla duro, pellizca tetas, nalgadas rojas. ‘Tu coño aprieta como una virgen’. Orgasmos uno tras otro, grito su nombre. Cambiamos: yo encima, cabalgo su verga, sudor goteando, tetas rebotando. Luis… ¿dónde está? Entra, polla dura: ‘Seguid, es mi regalo’. Se une, me la mete por la boca mientras Fran me revienta el coño. Trío brutal, semen en mi cara, en mi culo. Me corro como nunca, cuerpo convulso.
Caímos exhaustos, piel pegajosa, alientos cortos. Fran me besa suave: ‘Eres una diosa’. Luis me abraza: ‘Mi puta perfecta’. Dormimos enredados, olor a sexo impregnado. Al día siguiente, moretones dulces, coño dolorido pero feliz. Ese recuerdo me moja cada noche. Vivir el deseo al 100%, sin tabúes. ¿Repetimos pronto? Ufff, solo pensarlo… me corro.