Confesión ardiente: La noche en que el jardinero me folló sin piedad

¡Dios, hace dos días de aquello y aún me duele el coño de tanto placer! Estaba en Lyon con Salim, mi amigo árabe salvaje, y Kamin, el chino dulce del sex shop. Llegamos al bar de Remi a la una de la mañana, sudados, con las maletas. Calor pegajoso en la noche. Pidimos cervezas… tres, seis, diez. Nos miraban raro, pero joder, qué bien sentaban.

Kamin soltó todo: su ‘tío’ que lo obliga a vestirse de puta, depilarse la polla, mamársela sin condón. La tía lesbiana que lo violó de sorpresa, gritando de placer. Reíamos, borrachos. Remi, el barman solo, se sentó con nosotros. Oía todo, con la polla tiesa bajo el delantal. ‘¿Os gustan las mismas cosas?’, dijo guiñando. Su mano rozó el muslo de Salim. Aliento a cerveza y sudor. La tensión crecía, insoportable. Yo sentía mi tanga húmeda, el clítoris palpitando.

La tensión que estalla en la oscuridad

Apagó luces. Yo me arrodillé primero, abrí su bragueta. ¡Qué verga gorda, chorreando precum salado! Kamin se unió, lamió el glande. ‘Aaaah… joder’, gimió Remy. Salim se subió a la mesa, Remy se la tragó entera. Olor a sexo fuerte, piel caliente. En cinco minutos explotamos: Remy en la boca de Kamin, yo me corrí masturbándome viendo, mojadísima. Salimos al alba, riendo, al parque. Kamin ronca en el banco. Yo y Salim, exhaustos pero cachondos.

Aparece Jimi, el jardinero. Dios, ¡qué dios griego! Rubito con dreads, torso desnudo, pecs perfectos sudados, short rojo apretando una polla enorme. Torso bronceado, músculos bailando al cavar. Nos mira, sonríe pícaro. ‘Noche loca, ¿eh?’, dice con voz ronca. Bebemos su agua, fresca. Vamos a mear juntos detrás de un arbusto. Nuestras pollas -la de Salim- duras como piedras. Jimi saca la suya, bestial, venosa. ‘¿Una mamada matutina?’, suelta Salim directo. Él ríe: ‘¡Venga, cabrones!’.

El clímax brutal y el éxtasis compartido

En su choza, herramientas oliendo a tierra. Le bajo el short: slip rojo empapado. Libero la polla, 25 cm de pura carne palpitante, precum goteando. Me arrodillo, la huelo: almizcle masculino, sudor fresco. La chupo despacio, lengua en el frenillo, tragando hasta la garganta. ‘¡Come mi verga toda, puta!’, gruñe. Salim le lame el culo, dedo dentro, prostata masajeada. Jimi gime fuerte: ‘¡Ahhh, joder, mi ano… no pares!’. Cuerpo temblando, sudor chorreando por sus abdominales duros. Yo acelero, bolas pesadas en mi barbilla.

Salim le mete dos dedos, yo succiono voraz. ‘¡Me corro, coño!’, ruge Jimi. Chorros calientes, espesos, me llenan la boca. Trago todo, salado, viscoso. Él tiembla, rodillas flojas. Salim se la folla ya, crudo: ‘¡Toma mi polla árabe, zorra!’. Entrada brutal, chapoteo de lubricante natural. Yo me corro frotándome, viendo su culo tragarse cada embestida. Jimi grita: ‘¡Fóllame más duro!’. Salim eyacula dentro, semen chorreando piernas abajo.

Caemos exhaustos en el suelo sucio. Jimi jadea, piel pegajosa contra la mía. ‘Nunca tan bueno…’, murmura. Yo sonrío, coño palpitando, olor a semen y sudor impregnado. Salim besa mi cuello, tierno. Kamin despierta luego, riendo. Caminamos a casa, piernas temblando, recuerdo quemando: esa polla en mi boca, el gemido animal. Aún me mojo pensándolo. ¿Quién dijo que las mañanas son aburridas?

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