Dios, qué calor en este condo de San José. Noche eterna, pájaros chillando, yo sudando bajo la sábana. Me revuelvo, mis tetas resbalan pegajosas, mis muslos empapados. La resaca me martillea la cabeza. Me quito la sábana, manos en la piel húmeda. Me toco los pechos, los masajeo hondo, como untando aceite. Pinozones duelen al principio, luego… ay, qué rico. Bajan chispas por mi cuello, espalda, vientre. Mi coño palpita, se moja como puta en celo.
Odio-amor esta concha mía. Me lamo los labios, dedos salados. Huele a sudor agrio bajo las axilas, delicioso, asqueroso. Abro las piernas, puño adentro, froto fuerte. En segundos, exploto. Temblores, gemidos guturales. Saco la mano chorreante, la lamo. ‘Puta asquerosa’, me digo riendo bajito.
La tensión que me consumía
Café, pis aguantando, short sin bragas. Camino a la piscina, vejiga a reventar. Trotando, cada paso un latigazo en el bajo vientre. Goteo en la hierba, empiezo y paro. Sensaciones radiando por todo el cuerpo. Ante mi puerta, me arrodillo. ¡Suélto todo! Piso como fuente, short empapado, calor en muslos. Disfruto… hasta que Steve, el vecino, sale. Me mira atónito.
Me da igual. Entro, froto el short mojado en mis tetas, lo exprimo en el fregadero. Me tiro al suelo fresco, short en la cara inhalando mi meada. Dedos en el coño, revuelvo. Orgasmo demoledor en un minuto. Piernas abiertas, toques suaves para réplicas.
Pero la calentura no para. Recuerdo a Roberto, ese francés-bisexual del bookstore. Hace dos años, cappuccino frío, él se acerca: ‘Tus tetas son preciosas’. Hablamos en francés, risas. ‘¿Follamos?’, digo yo. ‘¡Sí, coño!’. Motel al lado, polla dura ya.
La tensión sube en el coche. Mi coño chorrea, su bulto teso. Entramos, me arrodillo: ‘Déjame mamar esa verga’. La chupo experta, dedo en ano masajeando próstata. Grita, eyacula en mi boca. Se la trago besándolo, semen compartido. Aún tiesa, me empalo. Cabalgo frenética, clítoris aplastado perfecto. Me corro yo sola, él de nuevo dentro. Leche saliendo con ppppfff obscenos.
El clímax brutal y sin piedad
No acaba. Lengua en mi oreja, labios, nariz. ‘Mi turno’, susurra. Chupa tetas, muerde pezones –mi debilidad–. Coño ardiendo, mano suya masajea suave… demasiado. Boca en clítoris, lengua punzante. No resisto, grito. Glande rozando entrada, sube-baja torturándome. ‘¿Quién gana?’, ríe. Lo meto, aprieto con músculos. Pellizco sus pezoncitos, chilla agudo. Otra corrida dentro.
Ondas incontrolables. Lo volteo, orino sobre su polla flácida. ‘Empate’, murmuro. Dormimos en el desastre.
Despierto exhausta, feliz. Él: ‘Me encanta el uro, pero vámonos’. Cena china en mi piso lleno de libros. Descubre que escribo polars calientes. ‘¡Bandante! Trabaja conmigo’. Follamos tierno toda la noche.
Ahora, post-piscina, solo pienso en eso. Cuerpo laxo, coño latiendo aún. Steve vio mi lado salvaje… ¿y si llama? Sonrío. El deseo manda, siempre. Qué vicio delicioso.