Confesión ardiente: cómo Martial me hizo caer en su cama

Llegué a casa de Martial el domingo por la noche, nerviosa como una colegiala. Él, alto, fuerte, con esa mirada que me desnuda. Me besó en la puerta, suave al principio, luego con hambre. Su aliento caliente en mi cuello, sus manos en mi espalda baja… Dios, ya sentía mi coño humedecerse. Pero me contuve. ‘No tan rápido’, le dije riendo, aunque mi cuerpo gritaba lo contrario.

Los días siguientes fueron tortura. Lunes, besos robados, bailes pegados donde notaba su polla dura contra mí. ‘Élisa, eres irresistible’, murmuraba, rozando mis tetas. Martes, me puse esa falda roja ceñida, sin bragas. Bajé las escaleras, mis pezones duros marcando la tela. Sus ojos se clavaron en mí. ‘Joder, vas a matarme’, dijo con voz ronca. Lo besé, dudando un segundo. ‘¿Por qué resistir?’, susurré. Ahí se rompió todo. Mi razón se evaporó, solo quería su verga dentro de mí.

La chispa que enciende el fuego

Me levantó como una pluma, sus labios devorando mi boca. Subió mi falda, exponiendo mi coño mojado. ‘Estás empapada, puta mía’, gruñó, arrodillándose. Su lengua atacó mi clítoris, lamiendo fuerte, chupando mis labios hinchados. Gemí alto, ‘¡Sí, Martial, no pares!’. Metió dos dedos, follándome la boca del sexo mientras yo tiraba de su pelo. Mi primer orgasmo explotó, jugos por su cara, piernas temblando.

Me desnudó, admirando mis tetas firmes. ‘Perfectas’, dijo, mamándolas voraz, mordiendo pezones hasta doler placenteramente. Yo agarré su polla gruesa, palpitante, venosa. ‘La quiero ya’, jadeé. Se la metí en la boca, chupando profundo, lengua en el glande, bolas en mi mano. Él gimió, ‘Me vas a hacer correr’. Pero no, lo quería dentro. ‘Fóllame sin condón, lléname’, rogué.

Explosión de placer sin frenos

Me tumbó en la mesa, abrió mis piernas. Su verga entró de golpe, estirándome deliciosamente. ‘¡Joder, qué apretada!’, rugió. Embestidas brutales, piel contra piel chapoteando. Yo arañaba su espalda, ‘Más fuerte, rómpeme el coño’. Cambiamos: yo encima, cabalgando salvaje, tetas rebotando, su polla golpeando mi útero. Él me pellizcaba el culo, ‘Córrete, zorra’. Orgasmos en cadena, yo gritando, él eyaculando chorros calientes dentro, semen goteando.

No paramos. En el sofá, de perrito, su polla en mi culo apretado por primera vez, lubricado con mis jugos. Dolor y placer mezclados, ‘¡Sí, métela toda!’. Me folló hasta correrme analmente, algo nuevo y adictivo. Toda la noche así, sudados, oliendo a sexo puro.

Al amanecer, exhausta, feliz, acurrucada en sus brazos. Mi coño dolorido, lleno de su leche, pero qué recuerdo. ‘Eres mía ahora’, susurró. Y yo, rendida, supe que sí. Esa pasión cambió todo: divorcio express al pillar a mi marido, nueva vida con él. Aún siento su calor, su olor, ese fuego que no se apaga.

Leave a Comment