Ay, chicas, gracias por esos mails que me animan tanto. Vivo en Flandes, Bélgica, con mi familia flamenca, pero soy española de pura cepa y os cuento esto en mi idioma, con el corazón latiendo fuerte. Esa noche con Marjorie, mi exnuera de 42 años, fue la primera de verdad. Yo estaba desnuda como Dios me trajo al mundo, pero ella… uf, con esa falda de satén negro tan corta y el tanga asomando. Me babeaba la boca, y entre las piernas… humedad total.
Giré la silla del escritorio, cara a cara. Una mano metida en su tanga, acariciando esa concha suave, caliente. Con la otra, bajé la cremallera de la falda. La saqué despacio, ella se retorcía para ayudarme, y zas, cayó al suelo. Solo el tanga negro nos separaba. Sus ojos azules me miraban suplicantes. Me cogió la cabeza y susurró: ‘Julia, eres tan dulce… Tus manos en mi cuerpo me vuelven loca. Te amo, hazme tuya, enséñame el placer entre mujeres, todas las torturas del amor lésbico… Tómame, amor mío’.
La chispa que enciende el fuego
Me emocioné tanto que lágrimas de alegría rodaron por mis mejillas. Yo, con 72 años, haciendo enloquecer a esta rusa de piel blanca y pelo rojo. Mi corazón aporreaba, respiración agitada. Fijé la vista en su monte de Venus. Bajé el tanga lento, centímetro a centímetro. Apareció su vello rojo fino, brillante de jugos. Olía a sexo puro, almizcle que me embriagaba. Sus labios palpitaban, hinchados de deseo. Quería devorarla ya, pero no. Me levanté, la abracé y nos dimos un beso de fuego. Lenguas enredadas, manos por todos lados, no follando, sino amando de verdad.
La empujé suave al colchón rojo. Su piel nívea contrastaba como una perla en seda. Me acosté a su lado, besé frente, ojos, boca, cuello. Bajé a sus tetas: pezones duros como piedras. Los lamí, chupé, mordisqueé suave. Temblaba entera, gemía bajito, vientre subiendo y bajando rápido. ‘¡Ay, Julia…!’ gritaba. Cinco minutos de eso y seguí al ombligo, lengua dentro, hurgando. Sus manos en mi pelo me empujaban abajo. Piernas abiertas como invitación.
Llegué al pubis, pelos rozándome la nariz. Olía a coño en celo. Lengua buscando su clítoris, erecto, vibrando solo. Lo pillé con la boca, succioné fuerte. ¡Y explotó! Eyaculó como hombre, chorros calientes en mi cara. ‘¡Sí, aaaah, Julia, te amo!’ Se arqueó, tembló, luego cayó inerte. Me acarició la mejilla, me subió para besarme. Nos quedamos así, pegadas, sonrisas cómplices, un cuarto de hora en silencio.
Explosión de placer sin límites
‘Julia, quiero vivir contigo’, dijo Marjorie. ‘Me has hecho descubrir esto… Hazme correr más, enséñame todo. Solo pensarlo me moja el coño y me hincha las tetas’. Abrí el cajón: consoladores, doble polla, de todos tamaños. ‘Ya los usarás cuando te mudes, guapa. Hoy, solo mi lengua y dedos’. La devoré la boca, manos explorando. Lamí ombligo de nuevo, ingle. Su pelvis se alzaba. Lengua en la raja del coño, metí la punta en su vagina chorreante. Gritaba más fuerte, uñas en mi cabeza.
Metí un dedo, luego dos en esa chatte en llamas. Pulgar en el clítoris. Lengua al sur, al ano. Lo lamí en flor de loto, punta como polla pequeña entrando. ‘¡Sí, fóllame el culo, soy tu puta exnuera, hazme correr!’ Se tensó, metí dos dedos más en el coño. ¡Boom! Tercer orgasmo, la dejó hecha polvo. Esa noche la hice correr seis veces más, controlando todo. A ella solo placer.
Hace un mes vive conmigo. Hoy, 5 de enero, volvió de la alcaldía con papeles para casarnos. En Bélgica podemos desde 2004. Si queréis la suite, decidlo. Besos calientes.