Trabajaba en nuestro nuevo despacho en ZZZ, una ciudad pequeña. Necesitaba una asistente y ahí apareció Claire, 38 años, guapa, con curvas que delataban sus embarazos pero aún firmes. Pelo castaño, sonrisa tímida, ojos que brillaban. La contraté para recepcionar clientes, agendar citas. Yo pasaba días enteros allí, organizando todo. A veces solas, charlábamos de la vida. De su marido, macho exigente, sin chispa. ‘Estoy harta’, me soltó un día, voz baja, digna.
Yo, soltera, 30 años, le contaba mis aventuras con hombres, sin detalles pero insinuando libertad total. Un día, menciono un sauna con un amante, coqueto, sin decirlo claro. Ella, voz ronca: ‘¿Y si voy yo contigo?’. El teléfono sonó, pausa café acabada. Me quedé helada. En mi mesa, su oferta retumbaba. Frío en la espalda, humedad entre piernas. Sacudí la cabeza, pero esa caja mental abierta no cerraba.
La chispa que encendió el fuego
Al final del día, guiño y ‘mañana la continuación’. Conduciendo 35 km a casa, fantasías locas. Nunca me habían atraído mujeres, pero su pecho… Dios, esos chemisiers tensos. Imaginé su blusa abierta, tetas perfectas, ella ruborizada en su silla de oficina. Mano en muslo, bajo falda, culotte mojada. Me quité la braguita en el coche, aire fresco en coño depilado. En ascensor, me toqué, gemí bajito, miedo a vecinos. En casa, contra pared, orgasmo rápido. Pero no bastó. Esa noche, en medias, me corrí mil veces imaginándola: dedos en su coño, juguete en su culo, ella gritando.
Tres días después, vuelvo al despacho. Falda corta, escote profundo. Ella, sexy también, rubor al besarla, mano rozando sus tetas. Miradas calientes todo el día. Post-almuerzo, sola con ella. Se apoya en marco puerta, cambrada. ‘Café?’, pregunta. ‘Estamos solas una hora’. Corazón latiendo. Cierro puerta con llave. ‘¿Te gustan los saunas?’, digo. ‘Sí… no sé, pero quiero probar’. ‘Es uno coqueto’. ‘Lo pillé’, balbucea, tetas subiendo rápido.
Explosión de placer crudo e intenso
‘Tus envies te dejan sola a veces, ¿eh?’, susurro. Asiente, mordiendo labio. La miro fijo: cuello, pecho hinchado. ‘Quítate la blusa’. Dedos temblorosos en botones. Lentos. Aparece encaje blanco. Tetas enormes, pezones duros asomando. Cruza piernas, luego abre. Culotte blanco sobre ligueros. ‘Eres preciosa’, digo ronca. La rodeo, manos en sus tetas por encima de sujetador. Gime. Bajo tirantes, pezones rosados erectos. Pellizco, chupa aire. ‘Te voy a hacer correrte’, le soplo al oído. Mano baja, froto coño por encima tela. Mojado total. Huelo mis dedos: olor a sexo femenino, nuevo, adictivo.
Dedos bajo braguita, labios hinchados, clítoris palpitante. La penetro despacio, luego rápido. ‘¡Sí, joder!’, grita. Cabeza atrás, cadera meneándose. La beso, lengua dentro, explota en mi boca, temblores, jugos chorreando. La giro, rodillas abiertas. Coño abierto, brillante. Boca en clítoris, suave al principio. Lengua dentro, dedo follando. ‘¡No pares! ¡Me corro!’, agarra mi pelo. Otro orgasmo, miau como gata.
Ahora ella: mano en mi coño, dedos violentos adentro. Boca en mis tetas, mordiendo pezones. ‘¡Fóllame fuerte!’, pido. Me corro eterno, piernas temblando, chorro en su mano. Nos besamos, sudadas, olor a coño everywhere. Cansancio dulce, pieles pegajosas. La visto, besos lentos. Aquellos meses, sexo loco en despacho, mi casa. Mi única vez con mujer. Aún me mojo recordándolo.