Confesión ardiente: Cómo devoré a un chaval joven en mi ático de Salamanca

Tenía 55 años y era una burguesa de Salamanca bien liberada, de esas que ya no se cortan un pelo. Acababa de chuparle la polla en el coche, una mamada majestuosa, y ahora charlábamos de todo como si nada. Íbamos hacia mi ático, yo fumando un cigarrillo fino, contándole mi vida. Separada desde hace cinco años, mi ex se largó con una niñata. Desde entonces, yo decidí tomar las riendas, redescubrir mi coño y darme mis gustitos.

Mis tetas y mi culo aún daban guerra, eh. Hice duelo follando en tés bailongos, luego orgías y fiestas locas en Madrid. Me tiraba gigolos que me follaban como a puta, y ahora solo quiero placer con tíos jóvenes o no tanto. Mientras conducía, él deslizaba los dedos por mis muslos. Abrí las piernas, dejando que rozara mi melocotón maduro a través del tanga. Le dije que me encantaba su carne fresca, con esa carita de ángel.

La chispa en el coche y la tensión que explota

Llegamos a mi edificio haussmanniano, puro lujo burgués. Pensaba: ‘Voy a follarme a esta zorra con el culo en llamas, hay que darlo todo’. El salón olía a mi perfume, con un tapis de pantera –recuerdo de safari de mi ex– y sofá de cuero crema. Le pedí qué quería beber. Vodka para él, whisky para mí. Se sentó, yo me quité los tacones de 12 cm, puse las piernas sobre él. Él empezó a masajearme los pies, esos con medias negras ahumadas, uñas rojas. Sus dedos… mmm, subían lentos.

El alcohol me encendió. Acerqué su cara a mis pies, él los olió, lamió las plantas. Me hacía cosquillas ricas, ‘me encanta, sigue’. No soy fetiche, pero a mi edad, esos labios suaves… Me subía por las piernas, abriéndome las thighs. Levanté la falda, vi mis ligueros. La razón… se fue a la mierda. La tensión era insoportable, mi coño chorreaba.

Abrí más las piernas, mi tanga negra transparente mostraba mi coño depilado. Él lo olió, ese aroma a mujer en celo, meada y jugos. Respiraba hondo, lengua sobre la tela. Me lo quité, y su boca en mis labios… uf. Agarró mi cabeza, yo gemía bajito: ‘Sí, cabrón, lame bien… me haces daño de lo bueno’. Le chupaba el clítoris, yo me tocaba las tetas, sacándolas del sujetador. Su lengua en mi entrada, dedos abriendo, sabor salado en su boca. ‘Vas a hacer que me corra, joder…’

El sexo crudo, sin frenos, pura pasión animal

Temblaba, él me sujetaba el culo, pegando la cara. ‘¡Voy, voy, no pares!’ Exploté, un orgasmo gutural, jugos brotando como fuente. Él lamía todo, mi coño maduro en llamas. Yo quería su polla ya. Se desnudó, verga tiesa. Puse piernas en sus hombros, entró de golpe. Brúuuutala, resbaladiza de mi corrida. Follando con lencería puesta, medias rozando su piel. ‘¡Qué polla me metes, fóllame fuerte!’ Floc-floc de mi coño tragándosela.

Cambié a cuatro patas, levrette salvaje. Él me amasaba las tetas, pellizcando pezones duros. ‘¡Soy tu perra, azótame!’ Le di en el culo, clac-clac. Mi falda aún puesta, él embistiendo, pelvis chocando. ‘Siente mi verga, zorra’. No aguanté: ‘Córrete en mi boca’. Me giré, abrí, él se pajeaba. ‘Dame tu leche, tengo hambre’. Eyaculó en mi lengua, boca roja, pelo rubio salpicado, blusa de seda manchada.

Insaciable, lo llevé a la cama. Lo follamos de todas formas: misionero, cowgirl, de pie. Lo top: saqué mi plug de acero de la mesita. ‘Métemelo en el culo mientras me follas el coño’. Lo abrí, él empujó, sintiendo su polla rozar a través de la pared. Divino, doble penetración. Gemí como loca toda la noche, destrozando el colchón. Bajo su pinta de señora fina, soy una bomba sexual.

Al final, exhaustos, dormimos abrazados, su mano en mi vientre caliente. Me desperté sola, él se fue como ladrón de orgasmos, dejando su número: ‘Llámame cuando quieras’. Mi coño aún palpitaba, sonrisa pícara. Qué noche, cabrón.

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