Por fin llegamos. La noche cae sobre la marina de Guadalupe, las ranas y grillos arman un concierto loco. El avión dejó París y su frío atrás. Yo, Michelle, y Hélène, con nuestros jeans y sudores, sudando ya. Yan nos recibe en su catamarán de 50 pies, Luce nos espera con punch de goyave helado. Nos quitamos los pulls, mi piel blanca contra el bronceado de Luce, esa chabine sexy con tetas que asoman bajo su top flojo, paréo azul en caderas delgadas, piernas suaves…
Hélène se saca las botas, masajea sus pies hinchados del vuelo. Yo me río, pero ya siento el calor pegajoso. Bajamos a las cabinas. La mía es un horno. Me desnudo rápido: jeans al fondo, sujetador que deja marcas en mis tetas pesadas, braga al suelo. Me miro al espejo. Caderas anchas, muslos gorditos, pero mi coño peludo negro brilla. Entro en la ducha diminuta, agua tibia resbala por mi piel, jabón de vainilla. Froto suave mis tetas, circulo los pezones duros. Bajo por caderas, levanto una pierna, masajeo el pie… Subo por el interior del muslo, toco mi concha húmeda, nalgas redondas.
La chispa en la ducha: tensión insoportable
—¿Me haces sitio? Hélène entra desnuda, pelo revuelto, teta altiva. Me ahogo de sorpresa. —Yo… ya acabo, te dejo… Intento taparme con la toalla.
—Eh, no te echo, ¡tonta! Se ríe, me mira sin pudor. —¡No te sonrojes, a tu edad! Te he visto desnuda mil veces.
—Sí, pero no en la ducha así… de golpe…
—Quería ver si sigues buena. Y lo estás. 35 años, todo en su sitio. Solo épilate el coño para el bikini…
Me río nerviosa, salgo, beso fugaz en hombro. Pero ella: —¿No me frotas la espalda?
—No, te conozco…
—Ven, sorpresa… Soy irresistible.
Explosión de placer: sexo crudo sin frenos
—Para, soy hetero, casada…
—Nadie es perfecto, te arreglo eso. Su mano roza mi cadera. El vapor nos envuelve, su aliento caliente en mi cuello. Mi razón flaquea. Sus ojos me queman, pezones rozan mi espalda. Me giro, la beso. Lenguas torpes al principio, luego salvajes. Sus tetas contra las mías, piel ardiente, sudor mezclado.
Sus dedos bajan, tocan mi coño mojado. —Estás chorreando, puta… Gimo, la empujo contra la pared. Chupo su cuello, bajo a tetas, muerdo pezón. Ella jadea, mano en mi pelo.
La tensión explota. Agua corre, pero nos da igual. Le abro las piernas, hundo dedos en su coño lampiño, resbaladizo. —¡Joder, Hélène, qué puta caliente! Ella gime: —Lámeme, Michelle, come mi concha…
Me arrodillo, agua en la cara. Huelo su sexo, almizcle dulce. Lengua en clítoris hinchado, chupo fuerte. Ella tiembla, muslos aprietan mi cabeza. —¡Sí, así, zorra! Meto dos dedos, follo rápido, curvo para su punto G. Grita, orgasmo la sacude, jugos en mi boca.
Se gira, me come el coño. Lengua experta, chupa labios, aspira clítoris. —Tu coño peludo es delicioso… Froto contra su cara, tetas bambolean. Sus dedos en mi culo, uno entra. Exploto: —¡Me corro, joder! Vagina contrae, chorro caliente.
Nos besamos, saboreamos nuestros jugos. Dedos aún dentro, lentos ahora. Pieles pegajosas, aliento corto, olor a sexo puro en el vapor.
Salimos temblando, nos secamos riendo bajito. En cabina, agotadas, felices. Sus ojos brillan: —Nuestro secreto, ¿eh? Sonrío, recuerdo su sabor. Fatiga buena, coño palpitante. Mañana, Antigua con Eric… pero esto quema en mí. Nunca olvidaré esa ducha, esa pasión desatada. Quiero más.