Ay, chicas, aún siento el calor en la piel. Soy Lola, la de la tienda de lencería en el centro. Ese día entró él, un tío de unos cuarenta, casado, buscando un tanga para su mujer. Lo vi mirándome las tetas bajo la blusa ajustada. ‘Pruébate esto’, le dije, guiñándole un ojo. Se quitó la camisa, sudando ya. Yo me abrí la blusa, mis pechos redondos libres, pezones duros como piedras. Su mirada… uf, puro fuego. ‘¿Quieres un premio?’, susurré. ‘¿Derecho o izquierdo? Solo un beso’. Dudó, pero se acercó. Su aliento caliente en mi piel. Labios secos rozando mi pezón izquierdo. Lo chupó lento, lengua juguetona girando alrededor. Mmm, se endureció más. Le clavé las uñas en la nuca, presionando su cara contra mi teta. ‘Ahora el derecho’, jadeó él. Lo repetí, su boca ventosa, succionando como si quisiera leche. Mi mano bajó… toqué su polla bajo el slip. Dura, palpitante. Veía las venas marcadas. La apreté, subiendo y bajando. Sus huevos pesados, calientes. ‘Joder, Lola…’, gimió. Olía a hombre excitado, ese olor almizclado del sexo. Mi coño chorreaba ya, slip mojado pegado.
No aguantábamos más. ‘Prueba este tanga negro de tulle’, le dije, tendiéndoselo. Se lo puso, su verga enorme tensándolo. El glande asomó, rojo, brillante de pre-semen. ‘Mira qué polla más gorda’, reí. Él rojo, pero tieso. Me arrodillé, piel contra piel. Sus pezones duros rozando mi cara al bajar. Lamí su pecho, mordí suave. Bajé al ombligo, lengua hurgando. Luego, sus huevos: peludos, duros. Los pesé en la palma, calientes como brasas. Dedo por la raja del culo, rozando el ano. Se contrajo, pero lo dejé entrar un poco. Húmedo ya. Su polla bailaba, glande fuera del tanga. La soplé, golpes de lengua rápidos. Luego, plana, lamí de huevos a punta. Poilillos en la boca, los tiré. Glande liso, fenda abierta. Saqué pre-cum, lo tragué. ‘¡Adelante, cabrona!’, gruñó. Boca abierta, la engullí. Hasta la garganta, succionando fuerte. Vaivén, saliva chorreando. Sus caderas empujaban, follándome la boca. Sudor goteando, aliento corto. Olor a polla cachonda, salado. Sentí los huevos subir. ‘¡Me corro!’, avisó. Me aparté un poco, vio todo. Chorros calientes en mi cara, cuello, tetas. Cuatro jetas espesas, casi transparentes. Me unté el semen en pezones, masajeando. Lamí el resto de la punta, bajando floja.
La chispa que nos encendió
Uf, exhaustos. Él jadeando, yo con el coño ardiendo, labios hinchados. ‘Joder, qué corrida más bestia’, dije limpiándome. Se disculpó, rojo de vergüenza. ‘No, guapo, ha sido brutal. Primera vez que me corro sin tocarme’. Nos miramos, sonrisas culpables. Sudor frío ahora, piel pegajosa. Olía a sexo puro, semen y coño mojado. Le di el tanga de regalo. ‘Para tu mujer, dile que lo probaste bien’. Salió temblando, yo con las piernas flojas. Aún me mojo recordándolo. Esa polla en mi boca, su leche caliente… ay, qué vicio. Si volvieras, te follaría entero.