Ay, Dios… no sé por dónde empezar. Fue anoche, en esa zona de bares del centro. Él, un desconocido alto, moreno, con esa mirada que te desnuda en segundos. Me acerqué porque sí, porque mi coño ya palpitaba solo de verlo. Charlamos poco, risas, copas… pero su mano en mi cintura, bajando despacio, rozando mi culo. ‘¿Quieres que te coma entera?’, me susurró al oído, su aliento caliente, con olor a whisky y deseo. Me erizó la piel. Intenté jugar, pero joder, mis pezones ya estaban duros como piedras bajo la blusa fina.
Caminamos, yo delante, él guiándome con la mano en mi espalda baja. ‘No llevo bragas’, le dije bajito, provocona, porque sí, lo planeé. Su risa ronca… ‘Puta traviesa’. En una ruelle estrecha, oscura, oliendo a humedad y basura, me arrinconó contra la pared. Sus labios en mi cuello, mordiendo suave. ‘Te voy a follar aquí mismo’, murmuró, mientras su mano subía por mi falda. Dedos audaces, directos a mi coño. Estaba chorreando, lava caliente resbalando por mis muslos. No resistencia, cero. Metió dos dedos, girando, y yo gemí alto, ‘¡Sí, joder, más!’ Mi razón se fue a la mierda, solo quería su lengua, su polla, todo.
La Chispa que Me Quemaba Viva
La tensión era insoportable. Mi respiración entrecortada, pecho subiendo y bajando. Él mordisqueaba mis tetas por encima de la blusa, pellizcando los pezones hasta doler de placer. ‘Mira cómo goteas por mí’, dijo, sacando los dedos brillantes de mi jugo y metiéndomelos en la boca. Salado, mío, exquisito. Me arrodillé yo sola, zipper abajo, su polla saltó dura, venosa, goteando pre-semen. Olía a macho, a sexo puro. ‘Chúpamela, puta’, ordenó, y abrí la boca ansiosa.
A cuatro patas en ese suelo sucio, él de pie. Su polla gruesa llenándome la garganta, embistiendo salvaje. ‘¡Glups, glups!’, saliva chorreando por mi barbilla. Me follaba la boca como un animal, manos en mi pelo, tirando. ‘Trágatela toda, zorra’. Yo jadeaba, coño vacío palpitando, frotándome contra nada. Luego me levantó, falda arriba, piernas abiertas contra la pared. ‘Métemela ya’, supliqué, voz ronca. Entró de un golpe, polla dura rompiéndome, coño apretado tragándosela. Follar brutal, piel contra piel chapoteando. ‘¡Qué coño tan rico, tan mojado!’, gruñía él, embistiendo profundo, huevos golpeando mi culo. Yo arañaba su espalda, ‘¡Más fuerte, rómpeme!’ Orgasmo me pilló desprevenida, chorros de jugo por sus muslos, gritando su nombre inventado.
El Follar Brutal y Mi Orgasmo Explosivo
No paró. Me dio la vuelta, culo al aire, y volvió a entrar, esta vez anal si quería, pero no, coño otra vez, lubricado con mi crema. Dedos en mi clítoris, frotando furioso. Sudor mezclado, olor a sexo denso, asfixiante. ‘Me corro, joder’, avisó, y sentí su polla hincharse, leche caliente disparándose dentro, llenándome hasta rebosar. Gemí largo, piernas temblando, otro orgasmo mío sacudiéndome.
Caímos sentados en el suelo frío, jadeando. Su semen goteando de mi coño, mezclado con mi jugo, manchando todo. Me besó lento, lengua perezosa. ‘Eres una diosa del sexo’, murmuró. Yo sonreí, agotada, feliz, coño dolorido pero satisfecho. Caminamos de vuelta, piernas flojas, secreto compartido. Ahora, recordándolo, me toco pensando en esa ruelle, en su sabor en mi boca, en cómo me folló sin piedad. Quiero más, siempre más.