Confesión ardiente: el trío salvaje en el bosque que me volvió loca

¡Dios, aún me tiemblan las piernas recordándolo! Ayer, martes, fui al bosque con Marcos, mi amante secreto. No somos pareja, solo puro sexo. Llegamos al parking vacío, dos coches nada más. Bajamos, extendimos la manta junto al lago, el sol pegando fuerte. Me quité la ropa rápido, mi melena pelirroja al viento, pechos firmes saltando libres. Él ya estaba desnudo, polla tiesa, gruesa, 18 cm de puro vicio. Me subí encima, su verga entró en mi coño empapado de un empujón. ¡Ay, joder! Ondulaba las caderas, gimiendo alto, el sudor chorreando por mi espalda. Su piel ardía contra la mía, olía a hombre excitado, a sexo crudo.

De repente, oí pasos. Crujido de rama. Me congelé, pero seguí moviéndome lento. Marcos me miró, sonrió pillo. ‘Alguien nos espía’, susurró. Gritos míos más fuertes, a propósito. El corazón me latía fuerte, la tensión me ponía más cachonda. Vi un tío entre los árboles, jogger, sudado, con una erección enorme en los pantalones. ¡Mierda, qué morbo! Me bajé de Marcos, polla saliendo con un ‘pop’ húmedo. ‘¡Eh, tú! Ya te vimos, ven aquí o te grabo’, grité juguetona. Él dudó, rojo como tomate, pero se acercó. ‘Quítate todo, cabrón. Nos miras, ahora participas’, le ordené. Se desnudó temblando, su polla saltó libre, venosa, goteando. Le saqué foto con el móvil. ‘O follas con nosotros o esto va a internet’. Aceptó, ojos brillantes de miedo y deseo. La razón se fue a la mierda, solo quedaba instinto animal.

La chispa que prendió el fuego incontrolable

Le mandé arrodillarse. ‘Chúpale la polla a Marcos, virginito’. Él titubeó, pero yo le guié: besé las bolas de mi amante primero, lengua lamiendo el sudor salado, mano subiendo y bajando la verga dura. ‘Así, mira’. Luego él lo hizo, torpe al principio, pero mamó como loco, labios estirados, saliva chorreando. Marcos gemía, ‘¡Joder, qué buena boca!’. Yo me puse detrás, tetas contra su espalda, calor de pieles pegadas. Luego, mi turno. Me tiré en la manta, piernas abiertas, coño pelirrojo brillando de jugos. ‘Lámeme, ahora’. Su lengua entró, olía a mi excitación fuerte, musgosa. Clit hinchado, lo chupaba preciso. Marcos metió dedos, dos, tres, bombeando. Me corrí como loca, squirt en su cara, chorros calientes, mordiendo mi camiseta para no gritar. ‘¡Sí, bébete todo, puta!’

El clímax brutal y el éxtasis compartido

Marcos nos preparó el culo. Saliva en mi ano, lengua girando, dedos abriéndome. Al jogger igual, gemía como perra. Me folló primero a mí, polla resbalando en mi coño usado. Besos con el nuevo, lenguas enredadas. Luego me sacó, apuntó al culo del jogger. ‘¡Relájate, te va a gustar!’ Entró suave, luego brutal, nalgadas resonando. Él gritaba placer, ‘¡Sí, fóllame el culo!’. Yo delante, coño en su boca. ‘¡Come mi chochito mojado!’. Marcos aceleró, ‘¡Eres una putita bi, te encanta la polla en el culo y mi coño!’. Cambiamos: yo a cuatro patas, jogger metiendo su verga en mi culo, apretado, caliente. Marcos en mi boca, follando garganta, semen preeyaculatorio salado. ‘¡Traga, zorra!’. Él se corrió primero, leche caliente llenándome la boca, tragué todo, besos compartiendo sabor. Yo mandé al jogger: ‘Córrete en mi culo, lléname’. Explotó dentro, espasmos, semen chorreando. Marcos lamió todo, tres lenguas mezcladas en beso final.

Caímos exhaustos en la manta, cuerpos sudados pegados, respiraciones cortas. El sol bajaba, bosque en silencio. Caricias suaves, risas cansadas. ‘Ha sido brutal’, dije, besándolos. Borré la foto delante del jogger, le di nuestro número secreto. ‘Para más vicios’. Nos vestimos, piernas flojas, culos doloridos pero felices. Volví a casa oliendo a sexo, sonrisa tonta. Ese recuerdo quema, quiero más. ¡Joder, qué tarde!

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