Confesión ardiente: Mi trío salvaje con el vecino y mi amante que me volvió loca

Acababa de cumplir 42, divorciada, con mi niña de 12 yendo al padre cada dos fines de semana. Me mudé a un pis pequeñito en una finca vieja cerca del lago, renovada en apartamentos. Al lado, un tío de 53, recién separado, con esa madurez que me pone. Se llamaba Miguel, ojos intensos, cuerpo normalito pero manos fuertes. Lo vi la primera vez cruzando el patio de grava, con vaqueros ajustados marcando paquete. Uf, supe que lo quería. Empecé a espiarlo por la ventana, imaginando su polla en mi boca. Me masturbaba pensando en él, eh… sudando, con los dedos hundidos en el coño mojado.

La seducción fue suave, cafés en el patio, risas. Un sábado, su hija fuera, me invitó a cenar. Durante la comida, nos mirábamos como lobos, el aire cargado de deseo. ‘Ven’, me dijo con voz ronca, tirando de mi mano. Subimos a su mezzanine, corazón latiendo fuerte. Me desnudó lento, ojos devorándome. Sus manos en mis tetas grandes, pezones endureciéndose al toque. Olía a hombre, a sudor limpio. Mi coño chorreaba ya. Pero la tensión… Dios, insoportable. Quería su lengua ya.

La chispa inicial y la tensión que estalla

Me tumbó, piernas arriba, almohada bajo el culo. Su cara entre mis muslos, inhalando mi olor a sexo. ‘Qué rico hueles’, murmuró. Empezó lamiendo suave, labios abriéndose, lengua en mi clítoris hinchado. Gemí, ‘Sí, así…’. Saliva y mis jugos mezclados, untó mi ano. Dedo entrando despacio, mientras chupaba mi coño como loco. Sentí el orgasmo venir, cadera arqueándose, grito ahogado. Él bebió todo, besándome luego con mi sabor en la boca.

Pero la cosa escaló. Su polla tiesa dolía. Me puso a cuatro, abrió mi culo con dedos mojados. ‘Relájate, guapa’, y entró su verga gruesa. Calor quemando, pero placer brutal. La limó lento, luego fuerte, cacheteando mis nalgas. ‘Quiero tu coño ahora’, jadeé. Me volteó, piernas en alto. Entró de golpe, polla llenándome, huevos golpeando mi raja. Follando como animales, sudor goteando, olores intensos. Eyaculamos juntos, mi coño apretándolo, su leche caliente dentro.

El polvo brutal y el clímax sin frenos

Al día siguiente, en mi casa, otra ronda. Él encima, miraditas, cadera ondulando. ‘¡Qué culito tan mono!’, voz de hombre. Me reí nerviosa. Laurent, mi amante de 35, había vuelto antes. Clave en mano, nos pilló. Polla de Miguel se ablandó, risa mía histérica. ‘Laurent, ¿ya estás aquí?’. Él sonrió, ‘Sí, cariño’. Café en cocina, tensión rara. Pero yo, abierta como soy, dije: ‘Os quiero a los dos. Ahora’. Subimos. Laurent me folló primero, yo chupando a Miguel. Excitante verlos. Corridas en mis tetas, lamiendo todo.

Luego, 69 con Miguel. Mi boca en su polla, lengua en su culo… Espera, Laurent metió dedo en el de Miguel. Él se tensó, pero siguió. ‘Suave…’, dijo. Laurent lo abrió, verga entrando despacio. Miguel gimiendo en mi coño. Yo branquándolo mientras. Eyaculó dentro, calor inundando. Luego, yo a cuatro, Miguel en mi coño, Laurent en mi culo. Doble penetración, estirándome, placer loco. Gritos, sudores mezclados, olor a sexo puro.

Al final, tumbados, fumando, yo en medio. Cansancio dulce, cuerpos pegajosos. Miguel chupó polla de Laurent para ponérmela dura. Primera vez, pero natural. Laurent me folló mientras yo mamaba a Miguel. Orgasmos en cadena, leche tragada, untada. Ahora vivo así, libre, sin tabúes. Ese recuerdo… me moja solo pensarlo.

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