Los niños estaban con sus amigos todo el fin de semana. Le dije a mi hombre que estuviera disponible, pero no salimos. Sabía que íbamos a jugar fuerte. Me puse esa falda negra brillante, como látex, cubriéndome el cuello, los brazos, hasta las nalgas. Transparente en los pechos, moldeando mis caderas. Medias hasta los muslos y botas a juego. Me miré al espejo, puta y poderosa. Bajé al salón, él en el sofá leyendo. ‘¿Te gusta?’, le pregunté con sonrisa pícara. Asintió, babeando.
Me senté frente a él, crucé las piernas. ‘Con esta ropa no sirvo la cena. Dúchate, ríete, vístete de negro y haz lo que hay que hacer’. En el baño dejó la ropa que preparé: bóxer, camisa blanca, pantalón. Bajó, puso la mesa, sirvió el aperitivo. Yo lo miraba desde el sofá, mandándole órdenes. ‘Más rápido’, ‘Así, bien’. Me encantaba verlo servir.
La Chispa que Enciende el Fuego
Tomamos un martini. Pero yo miré el móvil, mandando wasaps. Se mosqueó. ‘¿Estás en posición de quejarte?’, le dije. ‘Te encanta la dominación. Punición. Al despacho, desnudo, espera’. Estaba de pie, tieso. Pasé ignorándolo, él me llamó. Volví con cinta adhesiva. ‘Cállate tú mismo. Ni un sonido’. Se la puso. Giré alrededor, rozándole el torso, orejas, vientre, culo. Mi polla… no, su polla dura como palo, pero no la toco. Suspiré en su oreja: ‘¿Cómo te castigo para que aprendas?’. Lo masturbo suave, tirando de las bolas. Me arrodillé, lamí el glande. ‘No me toques’. Arriba y abajo con la lengua, apreté huevos, al borde… paro. Me levanto rozando mis tetas en él. ‘No te muevas’. Fui a la cocina, busqué. ‘Este… no. Ah, este sí, grande’. Volví con la bolsa plástica.
Se la metí despacio, cubriéndolo entero. Giré, rozando a través del plástico. Me pegué a su espalda, acariciando pecho, tensando la bolsa con cinta en la espalda. Manos en muslos, juntas las piernas, manos pegadas. Más cinta bajo el culo, en pantorrillas. Momificado. ‘Estás duro, ¿eh? No es castigo, casi corres’. Bajé el colchón, puse sábana, manta. Lo acosté, acaricié polla a través del plástico. ‘Tu sorpresa: yo tu ama. Mi regalo… tu castigo’. Lamí glande por la bolsa, subí besando el bozal. ‘Quédate quieto hasta que yo diga. Si eres bueno, comparto mi regalo’. Asintió, intrigado.
El Acto Brutal y la Liberación
Lo dejé, puerta abierta. Me cambié en la habitación, wasaps. Sonó el timbre. Él oyó. Entró mi amiga, la esperaba. Voz femenina, risas. La invité a cenar, mesa lista. Él sudando en su bolsa, excitado y asustado. Cenamos, reímos, comimos con velas. Hablé de él: ‘Le gustan las experiencias, mis fantasías… esta noche viaja’. Ella curiosa. Luego ducha. Fui al despacho, él aterrado. ‘Shh, confía. No ruido’. Besé bozal, salí.
En la habitación, puerta entreabierta. Él oía todo. La besé suave, pechos contra pechos. Manos en su coño húmedo. ‘Mmm, qué rica’, gemí. La tiré en la cama, abrí piernas. Lamí su clítoris hinchado, chupando labios jugosos. Dedo en su G, frotando fuerte. ‘¡Sí, así, cabrona!’. Ella jadeaba, ‘Fóllame la boca’. Le metí lengua profunda, oliendo su sexo. Monté su cara, coño en su lengua. Cabalgué, tetas rebotando. ‘¡Más adentro, lame mi culo!’. Ella dedos en mi ano, polla no, pero su lengua en clítoris. Grité, orgasmo explotando, jugos en su cara. Él oía mis alaridos, su polla goteando pre-semen en la bolsa.
Ella se fue. Volví, me metí con él. Vi su leche esparcida. ‘Cerdo, te corriste oyéndome’. Extendí con la palma, círculos lentos. Corté la bolsa despacio, limpié, quité bozal. Su cuerpo caliente contra el mío. Nos besamos feroz, sudor y amor. ‘Gracias por mi noche’. Agotados, felices, recordando cada gemido.