Confesión ardiente: Atada con cadenas y cuerdas en una noche de sexo brutal
Eran las siete de la tarde. Acababa de llegar a casa, mi marido Pablo me dio un beso rápido y subió a la habitación con una excusa tonta. Bajó como si nada, pero yo ya conocía sus jueguecitos. Cenamos tranquilos, vimos una peli antigua en el sofá, yo acurrucada en su pecho fuerte, oliendo su … Read more