Confesión Ardiente: Mi Polvo Salvaje en el Pasillo del Hotel con un Rubio Espiando

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Llegué al hotel temprano, con el corazón latiendo fuerte. El pasillo del primer piso, luces tenues de neones dorados en el techo, moqueta roja y gris amortiguando mis tacones nuevos. Llevaba mi gabardina blanca, debajo una falda corta con motivos florales, escote jugoso, medias con ligueros y un tanga que me rozaba el culo todo el rato. Número 30, mi habitación con Pablo, mi amante. Calor sofocante ahí dentro, me abrí la gabardina, ajusté el escote… uf, ya estaba húmeda pensando en él.

La llave magnética no funcionaba, joder. De repente, veo movimiento: un tío enorme, rubio con melena hasta los hombros, chaqueta de cuero, botas vaqueras, me mira fijamente desde el fondo del pasillo. Ojos azules como hielo, teléfono en mano. Me cago de miedo, pero… también me pone. Intento la llave otra vez, por fin abre. Entro, me miro el reloj: Pablo llega ya. Toco-toc en la puerta. “¿Eres tú?” “Sí, ábreme, nena.” Le abrazo fuerte, su olor a colonia y hombre me invade, nos besamos como locos. Sus manos en mi nuca, me pega al muro, su polla dura contra mi vientre. Me sube la falda, me aprieta las nalgas… Dios, quiero que me folle ya.

La tensión que me quemaba por dentro

Pero él dice: “Quiero fotitos tuyas en el pasillo, con la gabardina abierta. ¿Te atreves?” Dudé, por el rubio ese… pero el morbo me ganó. Salimos, pasillo vacío. Me apoyo en la pared, abro la gabardina mostrando el liguero, toco mi coño por encima del tanga. Él saca fotos, se baja el pantalón y empieza a pajearse esa polla gruesa, venosa. Yo me mojo más, me corro un poco los dedos en el clítoris, gimo bajito. De reojo, el rubio está ahí otra vez, apoyado en la pared, mirándonos sin pestañear. Pablo me susurra: “Sigue, nos mira y no se mueve.” Temblé, excitada a morir. Me quito la gabardina, me pongo a cuatro contra el muro, frotándome fuerte. Su polla roza mi raja… la razón se fue a la mierda.

El polvo sin frenos y el morbo máximo

Entramos corriendo a la habitación, desnudos en segundos. Pablo me tira en la cama boca abajo, me arranca el tanga. “Quiero tu coño y tu culo, puta.” Saco mi plug verde y lubricante. Se pone entre mis piernas, lame mis nalgas, mordisquea, mete la lengua en mi ano. Gimo: “Fóllame ya, joder.” Su polla cabezona empuja mi coño empapado, entra de golpe, me llena entera. Bombeos salvajes, piel contra piel chapoteando, mi clítoris hinchado rozando las sábanas. “¡Más fuerte!” Cambio: me pone a cuatro, mete el plug en mi culo mientras me taladra el coño. Dolor-placer brutal, grito. Él gruñe: “Tu coño chupa mi polla, zorra.” Toco mi clítoris, me corro gritando, jugos por las piernas. Él saca, me da la vuelta, me abre las piernas y embiste mi coño otra vez, sus huevos golpeando mi ano enchufado. Sudor, olor a sexo fuerte, respiraciones entrecortadas. Se corre dentro, chorros calientes llenándome.

Toc-toc en la puerta. Pablo envuelve una toalla, abre: el rubio con mi móvil perdido. “Lo encontré, preciosa.” Rojo como un tomate, le doy las gracias, él guiña: “Vuestras fotos saldrán fire.” Cerramos, nos reímos nerviosos. Caemos exhaustos en la cama, cuerpos pegajosos, su semen goteando de mi coño. Le beso: “Ha sido… increíble.” Fatiga buena, músculos doloridos, sonrisa tonta. Ese pasillo, sus ojos azules, la polla de Pablo destrozándome… lo revivo cada noche, masturbándome. ¿Queréis más confesiones así de calientes?

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