Confesión ardiente: Mi polvo salvaje con el banquero en su despacho
Era un sábado de verano, el sol entraba tímido por la ventana. Me desperté sola en la cama enorme, mi marido había salido temprano por curro. Me estiré, la piel caliente, y me quité la camisola. Mis manos bajaron a mis tetas, las amasé despacio, pellizcando los pezones que se pusieron duros al instante. Uff, … Read more